miércoles, 9 de abril de 2014

Réquiem por la Humanidad.

Gobernantes mal paridos, eyaculados desde lo más profundo de las cloacas del Averno. Vosotros que no sólo no debisteis haber alcanzado ¡jamás! el Poder sino que no debierais haber sido alumbrados a este Mundo, maldito por gente como vosotros, hijos de la Mentira y la Traición, capaces de desayunaros sapos cada mañana con tal de permanecer en vuestra poltrona sin ver más allá de vuestro propio ego. A vosotros que nada os importan vuestros semejantes a los que engañáis no sólo cada cuatro años sino día a día, cada vez que gozáis de una oportunidad de demostrarlo, ¡YO OS MALDIGO!

Próceres e ilustres banqueros, criados en cunas de oprobio, alimentados a los pechos de la ignominia y la vileza, cerdos acaparadores de las ilusiones de la gente que deposita su confianza (y sus bienes) en vosotros para que, a las primeras de cambio, los estaféis y acabéis abandonándolos en las cunetas del desencanto y la desesperación. A vosotros, hijos del Mal, ¡YO OS MALDIGO!

Empresarios nacidos para vivir de la sangre de aquéllos a los que exprimís hasta el hartazgo con tal de mantener ese status que os permite vivir por encima de lo que os merecéis, hienas que por una mísera moneda sois capaces de arrastraros por el lodo del ultraje y la desvergüenza. A vosotros que explotáis a gente sana, en cuerpo y espíritu, anulando toda posibilidad de Felicidad, ¡YO OS MALDIGO!

Clérigos más hijos del Pecado que de la Redención, de sonrisa beatífica, dedos entrelazados y lengua de doble filo, cuya mano izquierda no sólo conoce a la perfección lo que hace la derecha sino que, además, contribuye a compartir las mismas atrocidades de aquélla. A vosotros que vivís a costa de la miseria de a los que poco menos que obligáis a ofrecer su otra mejilla mientras andáis más preocupados por vuestras posesiones terrenales que por la salvación de aquéllos entre los que predicáis, ¡YO OS MALDIGO!

Pueblo inculto, ineducado, adocenado, aborregado, hundido cada vez más en un mar de vomitivo consumismo, sin otro criterio que el de seguir y servir a los intereses de los que, con una falsa sonrisa de desprecio dibujado en sus rostros, lo manipula a su antojo negándole, a la hora de la verdad, el pan y la sal, el Universo falsamente prometido. A vosotros, ¡YO OS MALDIGO!

Ruego por esta Humanidad deshumanizada. Pido de penitencia guardar una Eternidad de Silencio. Es lo que merecemos.


martes, 25 de marzo de 2014

A través del espejo. Autorretrato en gris.

Hay momentos en los que, no sé exactamente porqué, por muy fuerte que sea (que lo soy), por muy preparado que esté para enfrentarme a todo (que lo estoy), un suspiro, un susurro, una palabra, un guiño, una mirada furtiva, me hacen dudar de todo. O casi…

Lo único cierto, aparte de que, algún día (y no tengo interés alguno en saber cuándo ocurrirá; de hecho, estoy por evitarlo…) me iré de este jodido Mundo con los pies por delante, es que la Vida no se casa con ninguno de nosotros. Y mucho menos, conmigo; ya me casé una vez y, ‘señoría, aquí pongo fin a mi alegato…’. La Vida, maldita entelequia aristotélica donde las haya, no se deja comprar ni por ti ni por mí. No. La Vida no es la puta de nadie. Ella va, pasa por encima de nosotros cuándo y cómo quiere. Y, bueno, mientras lo hace, suceden ciertas cosas que, a veces, me hacen sospechar ‘que algo extraño ocurre’.

¿El Efecto Mariposa? ¿Casualidades? ¿Causalidades? ¿El Destino? ¿El azar? Bueno, realmente es todo lo mismo. Pensar que me maneja desde no sé dónde, no sé quién, con hilos invisibles e intangibles, es algo a lo que me resisto. Sin embargo, a veces tengo la sensación de que juegan conmigo. Cosa que me enoja, puesto que si lo hacen, prefiero tener la oportunidad de defenderme, algo que, obviamente, no sucede nunca. Y ahí me quedo, dubitativo, pensando en porqué diablos me pasan cosas tan casualmente poco usuales…

Y, para colmo, me tiro toda la noche (lo poco que duermo) soñando que me veo delante de un espejo y vestido de color gris (como un cartero de los de antes, vamos, sólo que con más estilo, por supuesto…). Un espejo no miente, simplemente refleja lo que uno es. Nos muestra nuestra esencia y nos dice la verdad sobre nosotros mismos aunque no nos haga ni pizca de gracia… El espejo revela aspectos de nosotros mismos que estamos obviando y a los que no prestamos demasiada atención en el mundo real. El color gris se asocia con independencia, auto-suficiencia, auto-control. Un escudo ante las influencias externas. Es el color de la evasión, relacionado con separarse de todo, huir de compromisos impuestos…

Inevitablemente, esto me da que pensar. ‘Espejo y gris’ me llevan a plantearme que, quizá, esté siendo demasiado autocrítico. Y que, posiblemente, esté alejándome de la realidad y de su influencia. No lo sé. Permaneceré atento. Nunca se sabe. 


lunes, 10 de marzo de 2014

2000 Light Years From Home.

Hay veces en las que desearía encontrarme a dos mil años luz de casa. Andar perdido en algún polvoriento desierto muy, muy lejano. En otro Planeta. En otro Sistema Solar. En otra Galaxia. En otro Universo. Tan lejos, tan lejos que ni el Diablo sería capaz de atreverse a llegar hasta allí, simplemente, con la única intención de, disfrazado de mujer hermosa, tentarme con lo mundano. Y, sí, Él no es tan simple, pero yo tampoco soy como Simón. Y, aunque no soy nada estagirita, hay muy poquitas cosas capaces de, realmente, tentarme…

Allí permanecería durante el tiempo que fuese necesario para expiar mis culpas, olvidar mi pasado, dejar de pensar en mi futuro. Meditar, hibernado, sin envejecer, sin necesidad de música, compañía, agua, comida…, sexo. Comunicándome, tan sólo, con mi interior en un acto, quizá egoísta pero necesario, de introspección definitiva y definitoria.

Y, cuando la luz roja que veo parpadear ante mí desde hace algún tiempo se tornase verde para, inmediatamente, desvanecerse, volvería de nuevo. Y todo sería, definitivamente, diferente. Más claro, más obvio, más Real.

Mientras tanto, hasta no hallar el modo en el que esto sea posible, supongo tendré que conformarme con la cruda existencia diaria, algo a lo que, a veces, no acabo de acostumbrarme.

Y, aunque haya veces en las que desearía encontrarme a dos mil años luz de casa, SIEMPRE desearía estar un solo centímetro de ti.


jueves, 6 de marzo de 2014

El Tiempo, mal consejero.

Cuántas veces he oído decir: 'Tranquilo, Miguel, el tiempo lo cura todo'... ¡JA! No puedo evitar sonreír al pensar en tal insensatez de consejo. El Tiempo, al que ya describí una vez como 'mi más maldito ami-enemigo', no cura nada. ¡JAMÁS! Es tan sólo un jodido impostor, un farsante que, con una sonrisa en su rostro y unos ojos brillantes te da palmaditas en la espalda hasta que, el día menos pensado, te regala un espejo.

Sólo YO mismo soy capaz de curarme. Cuando deseo hacerlo. Y no es cuestión de Tiempo. Por mucho que transcurra. Ni de Distancias. Por grandes que éstas sean...

miércoles, 26 de febrero de 2014

De las cosas pequeñas.

Llevo desde hace mucho tiempo no reparando, las más de las veces, en las cosas pequeñas. Como hacía antes. Me han abrumado tan en demasía las grandes cifras macroeconómicas, he andado tan pendiente de los grandes titulares en la prensa, he estado tan absorto en que todo va a peor, me preocupa tanto el futuro de mis hijos, el, en definitiva, ‘hacia dónde voy’, que no me he dado cuenta de esos aparentemente mínimos que tan feliz podrían haberme hecho y que tan poco en cuenta he tenido.

Y es que tengo la impresión de haber perdido, durante lo que me ha parecido una Eternidad, la capacidad de observación. Me he acostumbrado a caminar tan rápido, tan abstraído por lo que me preocupa, que no es poco, que he ido dejando escapar elementos supuestamente superficiales pero que podrían haber desencadenado quién sabe qué efectos positivos en mi vida.

Pero todo eso está cambiando. Cada vez más, vuelvo a estar atento a todo lo que me rodea. Se trata, simplemente, de tener bien abiertos los ojos; los de la cara y la mente. Respirar despacio y profundo antes de salir a la calle y no dejar escapar nada a la curiosidad, al análisis.

Un ligero cambio en la brisa de la tarde. Un giro inesperado en la dirección del viento. Un destello de Sol en una tarde nublada. Una gota de agua en una hoja. Una mirada. Un guiño. Un gesto. Un mohín. Una sonrisa. Un ‘¡Hola, ¿cómo estás?!’. Pueden cambiar el devenir de los acontecimientos, mi Vida. Sólo debo estar atento, examinar con cuidado la situación. Y tomar la decisión correcta. Antes me era fácil. Volverá a sérmelo.

Recuperar el estar pendiente de las cosas pequeñas. Un nuevo-viejo reto. Un desafío que me gusta. Debe ser que, como ella es pequeña (en su estatura, quizá; grande en el resto…), algo ha debido contagiárseme. Afortunadamente...