viernes, 7 de febrero de 2014

Tarde de Lluvia.

No hay nada que consiga que me sienta más triste
que una tarde de lluvia mirando cómo caen
de un cielo gris plomizo,
sobre mis ventanales,
millones y millones de lágrimas de nube.

Apoyo mi cabeza contra el cristal helado,
la mirada nostálgica perdida entre la bruma,
y siento que por dentro se agita inoportuno
un recuerdo fugaz de cuando ella se fue.

El viento agita, enérgico,
las persianas
que gimen con un sonido ronco,
como voz de gigante.
Yo miro, miro y miro
y, por más que la busco,
no alcanzo a ver su rostro,
tan sólo siento frío.

No hay nada que consiga que me sienta más triste
que una tarde, que un día, que una noche sin ti.



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