viernes, 7 de febrero de 2014

Tarde de Lluvia.

No hay nada que consiga que me sienta más triste
que una tarde de lluvia mirando cómo caen
de un cielo gris plomizo,
sobre mis ventanales,
millones y millones de lágrimas de nube.

Apoyo mi cabeza contra el cristal helado,
la mirada nostálgica perdida entre la bruma,
y siento que por dentro se agita inoportuno
un recuerdo fugaz de cuando ella se fue.

El viento agita, enérgico,
las persianas
que gimen con un sonido ronco,
como voz de gigante.
Yo miro, miro y miro
y, por más que la busco,
no alcanzo a ver su rostro,
tan sólo siento frío.

No hay nada que consiga que me sienta más triste
que una tarde, que un día, que una noche sin ti.



lunes, 3 de febrero de 2014

La Hoja de la Vida.

Una hoja. De una puerta. Ésa que se abrió casi sin pretenderlo. Con la fuerza de un deseo que mueve Planetas. Que nos destapó un nuevo Universo. Tuyo y mío. Nuestro. Que acarrea consecuencias imprevisibles. Ésa que permaneció abierta mientras que tú quisiste. Ésa misma que, hoy, parece, se cierra. Ésa que, bajo el felpudo que descansa al pie de su umbral, guarda una llave para cuando la necesites. Ésa que queda custodiada por un temible dragón. Para siempre. O hasta que decidas regresar. Si así lo quieres. Algún día. Quién sabe…

Una hoja. De un árbol. De cualquier árbol. Sobre el suelo de un parque cualquiera. De cualquier paseo. Solitaria. Un lunes de otoño a la caída de la tarde. Recogida por mis manos. Depositada en mi libro de poemas favorito. Manchando con la humedad que desprende el ‘Poema de Amor nº 20’. Seca con el paso del Tiempo. Puro esqueleto. Como todos. Como yo lo estaré. Otro día. Algún Día. Por voluntad propia. No hoy…

Una hoja. De coca. Machacada. Tratada. Degradada de verde a blanco. Pulverizada. Estimulante. A través de mí. Directa a mi cerebro. Que no alivia la desesperanza. Que todo lo complica. Que no hace que me olvide de ti. Cumplir lo prometido. No es mi amiga. No. Tú, sí que lo eres…

Una hoja. De marihuana. A través de ti. Que hace que te olvides de todos tus problemas. Que hace que brille, aún más si cabe, la miel de tus preciosos ojos. Que, durante un instante no medido, permite que te acuerdes de mí. Que consigue me eches de menos. Que te susurra al oído ‘…Llámalo…’. Que te hace decidir no hacerlo en el último instante…

Una hoja. De cálculo. Fría. Seductora. Con su ropa interior a cuadros. Más números. Otras letras. Adornada de gráficos coloridos. Representación de una vida. De la mía. En blanco y negro. Estadística implacable. Pestaña a pestaña. Llevada de principio a fin. Fiel representación de toda una vida. De toda mi Vida. Quién sabe hasta cuándo…

Una hoja. Una simple hoja. De papel. De cualquier clase de papel, ¡qué más da! Arrancada de cualquier cuaderno. Garabatos sobre ella. La letra de una canción dedicada a ti. Un relato que cuenta qué sabe nadie de lo tuyo y lo mío. Un poema que sólo tú y yo somos capaces de entender. Que sólo yo recordaré hasta el fin de los Días. De los míos. De mi Núremberg particular. De mi Juicio Final. Mañana. Quizá…

Una hoja. Una simple hoja. De afeitar. Huérfana de maquinilla. Ávida de mi carne. De abrirla. De ver mi sangre. De sentirla, cálida y espesa, deslizarse por mi brazo izquierdo. Olor a cobre. Ver cómo, poco a poco, tiñe de rojo el agua que rodea mi cuerpo desnudo, como una isla, en mi bañera. Sentir cómo me abandono al dulce placer del adormecimiento último mientras mis ojos se cierran muy lentamente. Mientras pienso en ti. Mientras desaparezco. Quizá algún día. O no. Quién sabe…



viernes, 31 de enero de 2014

¡A las barricadas!


Ayer noche, en ‘El Intermedio’, tuve la oportunidad de disfrutar de la entrevista que Gonzo hizo al ginecólogo Josep Lluis Carbonell. ¿Por qué diablos no hablan TODOS los profesionales de este País tan claro como él?

¿Cuándo vamos, entre todos, a poner fin a este revival pseudofranquista PPero, con la connivencia de la oposición, PSOE a la cabeza?

¿Por qué tenemos que resignarnos a que nos gobiernen politicuchos neo-fascistillas y corruptos, apoyados (y apoyando a, claro…), en la Iglesia (¡que vivimos en un País aconfesional reconocido en nuestra Constitución!), los grandes empresarios, las grandes fortunas, los banqueros, los sindicalistas preñados de corruptelas, la Casa Real…

Necesitamos salir a la calle. Acabar con esta casta impuesta de forma y manera subrepticia. Vivimos en una falsa Democracia. Necesitamos una Revolución Social, Laboral, Cultural, Educativa, Sexual… ¡Y la necesitamos YA!

¿Cómo puede, aún, haber gente que piense que los partidos mayoritarios aportan estabilidad a nuestra sociedad? ¿Aún tememos una Guerra Civil? ¡ESTO ES RIDíCULO!

Necesitamos urgentemente una reforma de nuestra Constitución.

Una nueva Ley Electoral. No hace falta decir nada más al respecto.

Acabar de una vez por todas con esa institución desfasada que es la Casa Real. No quiero reyes. No los necesito para nada.

Nuestra Sanidad debe ser PÚBLICA. Llevamos mucho tiempo pagando por ello.

Nuestra Educación, PÚBLICA, debe estar por encima de todo. Un Pueblo culto es un Pueblo que sabe lo que quiere. Un Pueblo que no se va a dejar convencer tan fácilmente como el nuestro lo ha hecho.

Creo firmemente en el sindicalismo; en uno moderno, no del que nos venden CC.OO. y U.G.T., caduco, trasnochado, de postguerra. De hecho, estoy sindicado, pero a uno independiente. No podemos consentir que nuestros sindicalistas anden tirando de visa a costa de nuestros impuestos. Un Sindicato que se precie de defender al trabajador NO PUEDE VIVIR DEL ESTADO. Ni debe. Es una cuestión moral. Debe subsistir del aporte de sus afiliados.

Tenemos que acabar de una maldita vez con el papel predominante de la Iglesia. Estos adoctrinadores baratos de sotana, pan ácimo y vino de domingo a las doce, deben quedarse en sus templos, que es dónde deben están. Calladitos están más guapos. Y que, si alguien quiere seguir su ejemplo, sus enseñanzas, que lo haga. En sus iglesias y colegios. En los míos, pagado con mis impuestos, ¡NO!

Y no temamos a convocarnos a través de las redes sociales. No tengamos miedo a manifestar nuestras inquietudes en las calles. QUE A TODOS NO NOS PUEDEN METER EN LA CÁRCEL.
No permitáis que os vendan que la Derecha atrae y conserva el capital, la inversión. Es la estabilidad de un país la que permite que eso ocurra.

Lamentablemente, tenemos una Generación, casi dos, prácticamente perdida. No les interesa el ejercicio del juego democrático. No existen opciones válidas. Ni para mí. Hagámoslo, entonces, por los más pequeños, por los que, aún, no han nacido. Por su futuro.

Unidos somos más fuertes. Debemos levantarnos de nuestros sillones, sacudir nuestras cabezas, el polvo acumulado en nuestro cerebro luego de tanto tiempo adocenados. Salir a la calle. Y saber gritar ¡BASTA! Por nuestro bien común. Y por su mal. El de ellos. Se lo merecen. Que los perdone su dios. Yo, no pienso hacerlo.

jueves, 30 de enero de 2014

Bajo el Volcán.

Debe ser divertido saltar al interior de un volcán. O que me arrojen a él, como virgen sacrificial que, con su gesto, fuese capaz de aplacar la ira furibunda de quién sabe qué Dioses y Monstruos del pasado.

Y por supuesto que no todo va ser tan simple. ¿Qué me pongo? ¿Cómo me visto? Yo no soy de llevar ‘cualquier cosa’; de ‘arreglado pero informal’, nada de nada. Ni túnicas. Ni capas. ¿Pijama? No uso de eso. ¿Un chándal? ¡Ni pensarlo! No es mi estilo… La verdad es que no tengo ni idea. Si, acaso, mi smoking. Con un traje ignífugo encima, obviamente. Lo pensaré.

¿Y con mi pelo? ¿Qué hago con él? ¿Cortármelo? ¡Eso ni cuando muera! Si es que lo hago. No tengo interés alguno en que me ocurra, si bien tampoco en que pase el Tiempo; en ambos casos, sé que lo tengo crudo… Pero, bueno, volviendo a lo de mi cabello: recogido en una cola, escafandra ignífuga Dios mediante.

¿Zapatos o botas? No sé, no lo tengo muy claro. Pero, sea lo que sea que lleve, recubierto de botas ignífugas, que no me gusta que mi calzado se estropee.

Iría bien afeitado, como me gusta. Y duchado, por supuesto. Como siempre.

Ropa interior impoluta, que uno no sabe lo que puede suceder una vez que sale a la calle…

En cuanto a lo de usar perfume, bueno, un agua de colonia ‘ligerita’, que dentro, con el calor, se potencia el efecto del perfume y no quiero marear a nadie. Si es que hay alguien por allí…

Claro que, puestos a saltar, prefiero elegir por quién sacrificarme. Que por la Humanidad y los Pueblos del Mundo está muy visto. Y no sirve. En este aspecto, creo sé por quién lo haría. Tú también lo sabes, aunque no me tomes demasiado en serio (¿cómo tomar en serio una idea como ésta?).


O, puestos a elegir, tomarte entre mis brazos, aspirar el aroma de tu cuerpo hermoso, dejar que sueltes mi cabello sobre tu rostro (¡cómo me gusta que lo hagas!), besarte dulce, ligeramente, apenas rozar tus labios. Y saltar juntos al vacío. Sentir el calor ambos, quemarnos a la vez, arder en llamas, mejor eternamente. Juntos. Siempre.

Aunque en esto de quemarme, te llevo ventaja. Desde hace tiempo. Desde que te conocí. Lo sabes. Por eso lees esto y piensas ‘¡ains!’. Y tu boca sonríe como me gusta...


Rojo. Y Negro.

Anoche pensaba en cómo sería mi corazón. ¿Cómo describirlo? Cómo dibujarlo… Porque, estoy completamente seguro de que es diferente a los del resto de los que me rodean. Tiene que serlo. ¡No queda otro remedio! No cabe alguna otra explicación.

De un tamaño gigantesco, de dimensiones extraordinarias. Capaz de albergar al mismísimo Multiverso si éste se lo pidiera.

Por sus venas, riadas de peregrinos enfermos arriban continuamente, sin descanso, pidiendo alojamiento temporal, buscando purificarse en él para, más tarde, sanados en materia y en espíritu, salir a predicar por sus arterias el Bien Universal.

Llevar Amor,
con ‘A’ mayúscula,
al resto de mi cuerpo.

Sus paredes, como una lámina muy fina de caramelo líquido, viscoso, espeso, traslúcido, cuasi transparente, dejando ver que nada malo esconde en sus entrañas.

Del color del Cielo en el ocaso
aguardando una tormenta de verano.

Del olor de un campo de amapolas
en un amanecer en Primavera.

Del sabor de unos labios,
de los tuyos.
De tus besos.
Como el primero aquél que tú me diste.

Grande. Generoso. Rojo. Pasional.

El mejor amigo en los buenos momentos.

El que sonríe y se acelera nada más verte,
oírte.
Y gana la batalla,
él solo,
a un millón de cañones cuando tú te me acercas.

El que más sufre,
callado y en silencio,
cuando tú no me hablas,
si dejas de quererme, aunque sea un poquito.

El que te ama incondicionalmente, no sabe hacerlo de otro modo.

El que quedará herido
una noche
de la más inmediata Primavera
cuando tú ya no estés.
Cuándo ya te hayas ido.
Y aúllen los fantasmas de mi propio interior.

El que seguirá rojo
de un tono más oscuro,
lacerado,
doliente,
sin alivio de luto,
pendiente de otra vida que te traiga hacia mí.


El que se repondrá, sin duda alguna. Aunque te añore. Feliz por lo que fue. Alegre y triste cuando yo piense en ti, cuando te acuerdes de llamar y me cuentes las cosas que me cuentas… Y sonrías. Aún por escrito es hermosa tu risa.