Nunca jamás he tirado un lápiz a la basura. Ni los he destruido cuando se hacían
diminutos, como si de increíbles hombres menguantes se tratasen. No. Los guardaba
en una cajita. Siempre tuve la certeza de que los lápices atesoraban en su
memoria todo lo que escribían sus dueños; por eso, tampoco los prestaba. No
deseaba bajo ningún concepto que mis lápices conservasen en su memoria recuerdos
que no fuesen míos. Y allí, en su destierro, unos a otros, poco importaban su
procedencia y su color, se contaban secretos que sólo yo conocía. Y ellos,
claro está.
Palabras, sentencias, Historias. Ecos de notas, redondas, neurosis bemol. Imágenes, planos, 24 por segundo.
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miércoles, 19 de octubre de 2016
Lápices.
miércoles, 8 de abril de 2015
El ansia que nos pierde.
¿Es realmente necesario que
comamos si no nos sentimos hambrientos?
¿Es preciso que bebamos si la sed
no seca nuestras gargantas?
¿Para qué administrarnos
medicamentos si no padecemos mal alguno?
¿Es serio que curemos nuestras
heridas antes de sufrirlas?
¿Descansamos aunque la fatiga
no ha hecho aún mella en nosotros?
¿Permitimos que el llanto
aflore a nuestro rostro sin motivo?
¿De qué sentirnos aterrados si
el miedo no atenaza nuestro espíritu?
¿Por qué recelamos de lo
desconocido antes de saber qué nos aguarda al otro lado?
Quizá debiéramos sonreír. Aun
cuando no nos sintamos alegres. Nos ayudaría a acercar más el bienestar a nuestras
almas, aunque tan sólo se trate de una mera ilusión.
jueves, 27 de noviembre de 2014
Tarde de lluvia.
¡Extraño lenguaje el de las
tardes grises de lluvia! Ver a través del cristal de mi ventana cómo la gente
acelera su paso, hombros encogidos, paraguas en ristre, caminando con paso
acelerado, más que de costumbre, el rostro perlado por minúsculas gotas de
agua. Algunos mueven, huraños, su cabeza de un lado a otro.
Todo invita a recostar
ligeramente la cabeza en el húmedo cristal, jugando a dibujar garabatos sin
sentido en la mancha blanquecina que deja el vaho sobre su superficie. Al ritmo
hipnótico del golpeteo incesante, cerrar los ojos y dejar que mi mente se
pierda en no sé qué rincón del Multiverso, alejado del resto del Mundo. Alejado
del Tiempo.
Dejarme atrapar por esa mezcla
de hastío, abulia y pereza que me hace incapaz de abrir los párpados, de mover
un sólo músculo, incluso de respirar más allá de lo que me permite mantenerme,
a duras penas, vivo. Tan sólo el latido de mi corazón resonando en el silencio,
como si de un tambor que marcase el ritmo de remada en una galera se tratase.
Arribar a lo más profundo de mi
Ser. Desear abandonarme, permanecer allí, flotando en el vacío, Príncipe de una
marea de obscuridad absoluta reinante por doquier.
Y soñar. ¡Soñar…!
jueves, 30 de octubre de 2014
Amores de ‘Todo a Un Euro’ para un corazón en crisis.
El fin del Verano –que
nunca acaba–. La llegada del Otoño –que nunca llega–. Melancolía pandémica
anual, repetida hasta la saciedad por nuestro subconsciente, año tras año,
hasta el punto en que acabamos creyendo en ella, atrapados en sus redes,
haciendo nuestra existencia de hoy más lánguida que la de ayer pero menos que
la de mañana.
Lo curioso es que, hasta
los que se encuentran atrapados
en esa gran mentira de nuestro cerebro al que muchos, denodadamente, pretenden
llamar ‘amor’ –cuando, en realidad, ‘eso’ lleva aparejadas otras muchas cosas–,
caen en ella sin pretenderlo. Y eso que ¡maldita la falta que les hace!, claro.
Supongo que será debido al egoísmo inherente al ser humano, que anhela lo que
otros poseen sin pensar en que lo propio está muy por encima, aunque lo que
envidia no merezca la pena.
En fin… Que no digo yo que sentado junto a la
ventana, con la frente ligeramente apoyada en el cristal húmedo y frío por la
resaca otoñal, empañado con las vaharadas de tus suspiros, la mirada perdida en
el infinito mientras, fuera, las hojas caen, se esté mal. Pero seguro que se
está mejor en la cama y bien acompañado… Sí, creo que sí.
De todas formas, siempre existen ‘amores de
ocasión’, ‘de temporada’, para un apaño, vamos. Hasta que el mal trago pase.
Aunque esto, las más de las veces, no suele acabar demasiado bien.
Los orientales, tan aplicados ellos, tan capaces
de vendernos lo que se propongan, las estupideces más supinas que puedan llegar
a ocurrírsenos –a ocurrírseles…–, tienen en sus archiconocidísimos
establecimientos de todo. Absolutamente de todo. Salvo algo que palie la tristeza
estacional que estamos –debiéramos estar– sufriendo.
Bueno, sí, existe el alcohol –y las drogas, obviamente–. Y no hay nada mejor
que una buena melopea de cualquier engendro etílico que sean capaces de
vendernos estos chicos; sus efectos resultan tan espantosamente horripilantes
que nos harán olvidarnos de todo y de todos. Salvo de un buen protector estomacal.
De eso y de un antiemético, vitaminas, agua, zumos... Y de un buen inodoro capaz
de soportar lo que se le viene encima. Y de la madre que los parió a todos, por
supuesto.
martes, 28 de octubre de 2014
Luces y Sombras.

La Luz, tenue, se abre paso sesgadamente por entre las rendijas de la persiana y continúa firme su camino, colándose a través del filtro de los visillos. Incapaz de causar daño a mis ojos, apenas traspasa mis párpados aún cerrados, aunque logra su objetivo que no es otro que el de devolverme al Mundo de los Vivos, sacarme de mi sueño. Esa luz que las más de las veces hiere mis pupilas hasta el punto en que camino, gafas oscuras, ojos entrecerrados, lágrimas mejilla abajo. La misma, hija de la misma Estrella que me carga las pilas y que, a la vez, me hastía, me agota, no me permite pensar con claridad, con la objetividad suficiente.
Si la Noche transforma, interpreta lo que ven nuestros ojos para confundirnos, para acercarnos más a nuestros más íntimos deseos, anhelos, soledades, vacuidades, hace muchas de una misma cosa, la Luz me causa el efecto contrario. Me torna melancólico hasta el aburrimiento, la apatía, la desidia, la abulia. Hace que todo lo que me rodea me parezca un continuo. Y me torna en uno de muchos. Un árbol más del bosque, ajeno a lo que me rodea.
Corren tiempos oscuros. Nos movemos, habitamos entre sombras, saliendo de casa cuando, aún, es de noche y volviendo a la misma apenas aquélla viene de vuelta. La Luna, a veces, mudo testigo.
Tan solo alguna mañana, un incipiente rayo de Sol hace temblar mi subconsciente, aún vivo entre los vapores de un sueño no siempre reparador, devolviéndome a la cruda realidad. Pero eso solo ocurre dos de cada siete días. Y no siempre el Día y Yo amanecemos despejados como para apercibirnos de que, efectivamente, el Astro ha vuelto a las andadas. Aguardo, paciente. Y salgo a la Luz de la Noche para completar el círculo hasta casi la hartura, el empalago, de rendirme a Su Culto.
Quizá lo justo sería desplazarme sobre el filo de esa espada que separa la Oscuridad de la Luz. Lograr el equilibrio. Pero con una existencia tan efímera, vegetando en un Mundo en el que prima el trabajo sobre la Vida como condición ‘sine qua non’ para la subsistencia, sin olvidar el apetito por vicios y caprichos, inherente a mi condición de sempiterno epicúreo, me resulta tremendamente complejo. Lo real debe ser, entonces, permitirme sucumbir al encanto de lo umbroso, enredarme en su tela, vivir en la fantasía que trae aparejado moverse en lo anochecido, dejar que sus brazos me envuelvan hasta que las mieles de la penumbra, néctar como ningún otro, me adormezcan. Y transcurra, inexorable, el paso del Tiempo.
Si la Noche transforma, interpreta lo que ven nuestros ojos para confundirnos, para acercarnos más a nuestros más íntimos deseos, anhelos, soledades, vacuidades, hace muchas de una misma cosa, la Luz me causa el efecto contrario. Me torna melancólico hasta el aburrimiento, la apatía, la desidia, la abulia. Hace que todo lo que me rodea me parezca un continuo. Y me torna en uno de muchos. Un árbol más del bosque, ajeno a lo que me rodea.
Corren tiempos oscuros. Nos movemos, habitamos entre sombras, saliendo de casa cuando, aún, es de noche y volviendo a la misma apenas aquélla viene de vuelta. La Luna, a veces, mudo testigo.
Tan solo alguna mañana, un incipiente rayo de Sol hace temblar mi subconsciente, aún vivo entre los vapores de un sueño no siempre reparador, devolviéndome a la cruda realidad. Pero eso solo ocurre dos de cada siete días. Y no siempre el Día y Yo amanecemos despejados como para apercibirnos de que, efectivamente, el Astro ha vuelto a las andadas. Aguardo, paciente. Y salgo a la Luz de la Noche para completar el círculo hasta casi la hartura, el empalago, de rendirme a Su Culto.
Quizá lo justo sería desplazarme sobre el filo de esa espada que separa la Oscuridad de la Luz. Lograr el equilibrio. Pero con una existencia tan efímera, vegetando en un Mundo en el que prima el trabajo sobre la Vida como condición ‘sine qua non’ para la subsistencia, sin olvidar el apetito por vicios y caprichos, inherente a mi condición de sempiterno epicúreo, me resulta tremendamente complejo. Lo real debe ser, entonces, permitirme sucumbir al encanto de lo umbroso, enredarme en su tela, vivir en la fantasía que trae aparejado moverse en lo anochecido, dejar que sus brazos me envuelvan hasta que las mieles de la penumbra, néctar como ningún otro, me adormezcan. Y transcurra, inexorable, el paso del Tiempo.
jueves, 9 de octubre de 2014
jueves, 3 de julio de 2014
Una (triste y ojalá no real) historia de verano.
Una ligera brisa, unida a los
primeros destellos de Sol de una incipiente mañana, fresca a pesar de ser de Julio, hizo que
comenzara a abrir sus ojos. Se encontró, de repente, en la playa. Protegió sus
delicados ojos con sus eternas gafas oscuras. Aún recordaba (casi) todo lo
sucedido la noche anterior: la música, las chicas, el alcohol…, el peligro
dibujado en el horizonte de una oscuridad que todo lo transforma, que oculta lo que no interesa. ‘Y, al final, para
acabar despertándome solo’, -pensó-…
De repente, oyó voces. A lo
lejos, unos trabajadores municipales de los que, a primera hora de la mañana,
se ocupan de mantener limpia la arena para los bañistas ansiosos de sol y mar,
unidos a algún que otro matutino paseante veraniego, se agrupaban, daban voces
y gesticulaban compulsivamente. Él, que nunca fue de interesarle este tipo de
situaciones, sin saber por qué, se sintió incómodo. Y un pequeño escalofrío
recorrió su espalda.
De repente, oyó sirenas y vio
cómo se acercaban policías y cómo miembros del ‘061’ salían corriendo de una de
sus ambulancias de urgencias.
Sacudió la arena de sus ropas y
se dispuso a ver qué demonios ocurría, presagiando lo peor para alguien.
Sintió el color de su cara cambiar, el vello de su piel erizarse, su pulso aumentar la frecuencia de sus latidos, sus sienes perlarse de frías gotas de sudor. Sobre la arena de la playa yacía el cadáver, relativamente joven, de un hombre. Los servicios de urgencias comentaban que ‘ya poco quedaba por hacer. El corazón había dejado de latirle hace algunas horas’.
jueves, 15 de mayo de 2014
Carta abierta al Ministro de Interior.
Sr. Jorge Fernández Díaz,
Ministro de Interior:
Grande ha sido el revuelo armado
con motivo del asesinato (que lamento profundamente) de la señora Isabel
Carrasco, Presidenta de la Diputación y del PP de León. Considerable, sí, pero con
un motivo bien claro: Venganza; así, con mayúsculas; pura y dura; sin más (ni
menos). Algo que, parece, inherente al ser humano, uno más de los innumerables fallos
de diseño que, desgraciadamente, poseemos…
Lo curioso es que, en menos de lo
que dura un suspiro y, aprovechando que el Guadalquivir pasa por Sevilla (soy
andaluz y, tanto el Pisuerga como el Ebro, habituales en estas comparaciones,
me vienen muy a trasmano), salga usted a la palestra a hablar de, y cito
textualmente, ‘limpiar las redes sociales de indeseables’, de ‘apología del
delito y del odio’, de ‘acabar con los mensajes injuriosos’…
Bien. Muy bien. Me parece
fenomenal. Comencemos desde la educación en casa. Continuemos con la formación
en colegios, institutos y universidades, algo de lo que andamos ‘a la baja’,
más aún desde que los recortes en esta materia campan por sus respetos. Y, si
me apura, desde el ejemplo de nuestros políticos (entre los que usted se
encuentra), que no es precisamente, el adecuado. Y no nos olvidemos de la
Cultura, también con mayúsculas, que brilla por su ausencia.
Naturalmente, en este afán de ‘ponerle
puertas al campo’, hay algo que se deja atrás, ignoro con qué intención: ¿sólo
las redes sociales merecen este tratamiento? ¿Por qué no hacerlo extensivo a la
prensa escrita? Y con las emisoras de radio…, ¿no piensa hacer nada? ¿Y con las
televisiones? ¿Por qué no crear brigadas que velen porque en las aceras,
mercados y bares de nuestro país ‘no se atente contra el derecho inalienable de
no verse abocado al oprobio de la crítica callejera’?
Mire, ya sé que tiene (tienen)
desde su marcadísima ideología, la idea de que Internet debe ser controlada
(¡cuán cercanos andáis del orwelliano ‘1984’!). Y, modestamente, le aconsejo
que se dediquen a otra cosa. LA INFORMACIÓN NO PUEDE NI DEBE SER CONTROLADA. NI
LAS OPINIONES. Lo que deben ser es, ciertas las unas y objetivas las otras. Y,
ya puestos a controlar (perseguir), ¿por qué no habla nunca de las barbaridades
que surgen desde el ‘TDT Party’ y desde los medios afines a la derecha? ¿No
merecen ellos ser castigados? ¿Es que los que nos encontramos a lo izquierda y
aquéllos que se mueven en terreno neutral no merecemos respeto? ¿Sólo se pude
insultar desde la derecha? ¿Sólo es susceptible de ser perseguido y sancionado aquél que comete agravios contra los suyos?
Y ya que usted opina que ‘fuera
de la Democracia sólo hay anarquía’, le recuerdo que, precisamente, es la
Democracia en sí la que me permite tomar o no partido a la hora de elegir mi ideología.
Libremente. Sin presiones.
Sé que a todos nos debiera toca
reflexionar con respecto a este asunto y sus consecuencias. Pero, más aún a los
que, como usted, lo viven de forma directa, nos representan (aunque algunos no les
hayamos votado, ¡qué quiere que le diga!) y, convendría, predicaran con el
ejemplo.
Atentamente,
José Miguel Romero Fernández.
Ciudadano. Andaluz. Músico. Nacido en este país que
aún (algunos) llamamos España.
miércoles, 7 de mayo de 2014
La Oscuridad y la Luz.
A menudo me preguntó que diablos es lo que me atrae de la oscuridad. Anoche, viendo el episodio 19 de la 8ª temporada ('Pay It Forward') de 'Mentes Criminales', una de sus sentencias lapidarias de inicio me dio la respuesta:
'La oscuridad restaura lo que la luz no puede reparar.'
(Joseph Brodsky).
Ahora lo sé. Y lo entiendo. A todos los niveles.
'La oscuridad restaura lo que la luz no puede reparar.'
(Joseph Brodsky).
Ahora lo sé. Y lo entiendo. A todos los niveles.
martes, 22 de abril de 2014
Poderoso Caballero.
Podrás comprarte los
instrumentos musicales que desees, pero no el talento que te haga ser buen
músico.
Podrás adquirir colecciones
completas de los Grandes de la Música, pero eso no hará que la Música esté en
ti.
Podrás hacerte con la
biblioteca más grande del Mundo, pero no te hará más culto.
Podrás disponer de los mejores
profesores, pero no comprar la Inteligencia.
Podrás pujar por hacerte con
las más grandes obras del Mundo del Arte, pero no por la Belleza.
Podrás tener a tu disposición
los mejores sastres y costureras, las mejores telas, pero eso no hará que
puedas comprar la Elegancia.
Podrás tener a tu servicio un
millón de maestros de estilo, pero no te hará tener Clase.
Podrás pagar por poseer el
jardín más hermoso de la historia, pero no por la Naturaleza.
Podrás conseguir que tu dinero
te permita organizar los festejos más impresionantes jamás vistos por el
hombre, pero no conseguirás la Felicidad.
Podrás consumir todas las
drogas que tu salud te permita, pero no te harán más creativo.
miércoles, 9 de abril de 2014
Réquiem por la Humanidad.
Gobernantes mal paridos, eyaculados
desde lo más profundo de las cloacas del Averno. Vosotros que no sólo no debisteis
haber alcanzado ¡jamás! el Poder sino que no debierais haber sido alumbrados a
este Mundo, maldito por gente como vosotros, hijos de la Mentira y la Traición,
capaces de desayunaros sapos cada mañana con tal de permanecer en vuestra
poltrona sin ver más allá de vuestro propio ego. A vosotros que nada os importan
vuestros semejantes a los que engañáis no sólo cada cuatro años sino día a día,
cada vez que gozáis de una oportunidad de demostrarlo, ¡YO OS MALDIGO!
Próceres e ilustres banqueros,
criados en cunas de oprobio, alimentados a los pechos de la ignominia y la
vileza, cerdos acaparadores de las ilusiones de la gente que deposita su
confianza (y sus bienes) en vosotros para que, a las primeras de cambio, los
estaféis y acabéis abandonándolos en las cunetas del desencanto y la
desesperación. A vosotros, hijos del Mal, ¡YO
OS MALDIGO!
Empresarios nacidos para vivir
de la sangre de aquéllos a los que exprimís hasta el hartazgo con tal de
mantener ese status que os permite vivir por encima de lo que os merecéis,
hienas que por una mísera moneda sois capaces de arrastraros por el lodo del
ultraje y la desvergüenza. A vosotros que explotáis a gente sana, en cuerpo y
espíritu, anulando toda posibilidad de Felicidad, ¡YO OS MALDIGO!
Clérigos más hijos del Pecado
que de la Redención, de sonrisa beatífica, dedos entrelazados y lengua de doble
filo, cuya mano izquierda no sólo conoce a la perfección lo que hace la derecha
sino que, además, contribuye a compartir las mismas atrocidades de aquélla. A
vosotros que vivís a costa de la miseria de a los que poco menos que obligáis a
ofrecer su otra mejilla mientras andáis más preocupados por vuestras posesiones
terrenales que por la salvación de aquéllos entre los que predicáis, ¡YO OS MALDIGO!
Pueblo inculto, ineducado, adocenado,
aborregado, hundido cada vez más en un mar de vomitivo consumismo, sin otro
criterio que el de seguir y servir a los intereses de los que, con una falsa sonrisa
de desprecio dibujado en sus rostros, lo manipula a su antojo negándole, a la
hora de la verdad, el pan y la sal, el Universo falsamente prometido. A
vosotros, ¡YO OS MALDIGO!
…
Ruego por esta Humanidad
deshumanizada. Pido de penitencia guardar una Eternidad de Silencio. Es lo que
merecemos.
martes, 25 de marzo de 2014
A través del espejo. Autorretrato en gris.
Hay momentos en los que, no sé
exactamente porqué, por muy fuerte que sea (que lo soy), por muy preparado que
esté para enfrentarme a todo (que lo estoy), un suspiro, un susurro, una
palabra, un guiño, una mirada furtiva, me hacen dudar de todo. O casi…
Lo único cierto, aparte de
que, algún día (y no tengo interés alguno en saber cuándo ocurrirá; de hecho,
estoy por evitarlo…) me iré de este jodido Mundo con los pies por delante, es
que la Vida no se casa con ninguno de nosotros. Y mucho menos, conmigo; ya me
casé una vez y, ‘señoría, aquí pongo fin
a mi alegato…’. La Vida, maldita entelequia aristotélica donde las haya, no
se deja comprar ni por ti ni por mí. No. La
Vida no es la puta de nadie. Ella
va, pasa por encima de nosotros cuándo y cómo quiere. Y, bueno, mientras lo
hace, suceden ciertas cosas que, a veces, me hacen sospechar ‘que algo extraño ocurre’.
¿El Efecto Mariposa? ¿Casualidades? ¿Causalidades? ¿El Destino? ¿El
azar? Bueno, realmente es todo lo mismo. Pensar que me maneja desde no sé dónde,
no sé quién, con hilos invisibles e intangibles, es algo a lo que me resisto.
Sin embargo, a veces tengo la sensación de que juegan conmigo. Cosa que me
enoja, puesto que si lo hacen, prefiero tener la oportunidad de defenderme,
algo que, obviamente, no sucede nunca. Y ahí me quedo, dubitativo, pensando en
porqué diablos me pasan cosas tan casualmente poco usuales…
Y, para colmo, me tiro toda la
noche (lo poco que duermo) soñando que me veo delante de un espejo y vestido de
color gris (como un cartero de los de antes, vamos, sólo que con más estilo,
por supuesto…). Un espejo no miente, simplemente refleja lo que uno es. Nos
muestra nuestra esencia y nos dice la verdad sobre nosotros mismos aunque no
nos haga ni pizca de gracia… El espejo revela aspectos de nosotros mismos que
estamos obviando y a los que no prestamos demasiada atención en el mundo real.
El color gris se asocia con independencia, auto-suficiencia, auto-control. Un
escudo ante las influencias externas. Es el color de la evasión, relacionado con
separarse de todo, huir de compromisos impuestos…
Inevitablemente, esto me da
que pensar. ‘Espejo y gris’ me llevan a plantearme que, quizá, esté siendo
demasiado autocrítico. Y que, posiblemente, esté alejándome de la realidad y de
su influencia. No lo sé. Permaneceré atento. Nunca se sabe.
lunes, 10 de marzo de 2014
2000 Light Years From Home.
Hay veces en las que desearía
encontrarme a dos mil años luz de casa. Andar perdido en algún polvoriento desierto
muy, muy lejano. En otro Planeta. En otro Sistema Solar. En otra Galaxia. En otro
Universo. Tan lejos, tan lejos que ni el Diablo sería capaz de atreverse a llegar
hasta allí, simplemente, con la única intención
de, disfrazado de mujer hermosa, tentarme con lo mundano. Y, sí, Él no es tan simple,
pero yo tampoco soy como Simón. Y, aunque no soy nada estagirita, hay muy poquitas cosas capaces de, realmente, tentarme…
Allí permanecería durante el
tiempo que fuese necesario para expiar mis culpas, olvidar mi pasado, dejar de
pensar en mi futuro. Meditar, hibernado, sin envejecer, sin necesidad de música,
compañía, agua, comida…, sexo. Comunicándome, tan sólo, con mi interior en un
acto, quizá egoísta pero necesario, de introspección definitiva y definitoria.
Y, cuando la luz roja que veo parpadear
ante mí desde hace algún tiempo se tornase verde para, inmediatamente, desvanecerse,
volvería de nuevo. Y todo sería, definitivamente, diferente. Más claro, más
obvio, más Real.
Mientras tanto, hasta no hallar
el modo en el que esto sea posible, supongo tendré que conformarme con la cruda
existencia diaria, algo a lo que, a veces, no acabo de acostumbrarme.
Y, aunque haya veces en las
que desearía encontrarme a dos mil años luz de casa, SIEMPRE desearía estar un
solo centímetro de ti.
jueves, 6 de marzo de 2014
El Tiempo, mal consejero.
Cuántas veces he oído decir: 'Tranquilo, Miguel, el tiempo lo cura todo'... ¡JA! No puedo evitar sonreír al pensar en tal insensatez de consejo. El Tiempo, al que ya describí una vez como 'mi más maldito ami-enemigo', no cura nada. ¡JAMÁS! Es tan sólo un jodido impostor, un farsante que, con una sonrisa en su rostro y unos ojos brillantes te da palmaditas en la espalda hasta que, el día menos pensado, te regala un espejo.
Sólo YO mismo soy capaz de curarme. Cuando deseo hacerlo. Y no es cuestión de Tiempo. Por mucho que transcurra. Ni de Distancias. Por grandes que éstas sean...
miércoles, 26 de febrero de 2014
De las cosas pequeñas.
Llevo desde hace mucho tiempo no
reparando, las más de las veces, en las cosas pequeñas. Como hacía antes. Me han
abrumado tan en demasía las grandes cifras macroeconómicas, he andado tan
pendiente de los grandes titulares en la prensa, he estado tan absorto en que
todo va a peor, me preocupa tanto el futuro de mis hijos, el, en definitiva, ‘hacia dónde voy’, que no me he dado cuenta
de esos aparentemente mínimos que tan feliz podrían haberme hecho y que tan
poco en cuenta he tenido.
Y es que tengo la impresión de
haber perdido, durante lo que me ha parecido una Eternidad, la capacidad de observación.
Me he acostumbrado a caminar tan rápido, tan abstraído por lo que me preocupa,
que no es poco, que he ido dejando escapar elementos supuestamente
superficiales pero que podrían haber desencadenado quién sabe qué efectos positivos
en mi vida.
Pero todo eso está cambiando. Cada
vez más, vuelvo a estar atento a todo lo que me rodea. Se trata, simplemente,
de tener bien abiertos los ojos; los de la cara y la mente. Respirar despacio y
profundo antes de salir a la calle y no dejar escapar nada a la curiosidad, al
análisis.
Un ligero cambio en la brisa
de la tarde. Un giro inesperado en la dirección del viento. Un destello de Sol
en una tarde nublada. Una gota de agua en una hoja. Una mirada. Un guiño. Un gesto. Un mohín. Una sonrisa. Un
‘¡Hola, ¿cómo estás?!’. Pueden
cambiar el devenir de los acontecimientos, mi Vida. Sólo debo estar atento, examinar
con cuidado la situación. Y tomar la decisión correcta. Antes me era fácil.
Volverá a sérmelo.
Recuperar el estar pendiente
de las cosas pequeñas. Un nuevo-viejo reto. Un desafío que me gusta. Debe ser
que, como ella es pequeña (en su estatura, quizá; grande en el resto…), algo ha
debido contagiárseme. Afortunadamente...
miércoles, 19 de febrero de 2014
Solución a lo de ayer...
Y estos son los temas y las bandas, por orden de escritura, claro...
| Tomorrow Just Another Day | - | Madness. |
| In Between Days | - | The Cure. |
| Hurt | - | Johnny Cash. |
| With Or Without You | - | U2. |
| Who’ll Stop The Rain | - | Credence Clearwater Revival. |
| Pretty in Pink | - | Psychedelic Furs. |
| Nights In White Satin | - | The Moody Blues. |
| When I Dream | - | The Teardrop Explodes. |
| Every Breath You Take | - | The Police. |
| Wish You Were Here | - | Pink Floyd. |
| Love Will Tear Us Apart | - | Joy Division. |
martes, 18 de febrero de 2014
Toma unas tijeras...
Al igual que recomendara Tristán Tzara en 'Siete Manifiestos Dadá, 1924', esto es un ejercicio similar aunque, digamos, 'más bajo control'. Y sin tijeras, que las armas las carga el Diablo...
He tratado de llevar a cabo un ejercicio que, a una idea que surge de un sentimiento, sume trozos de letras de algunas canciones que me gustan. Y que acabe teniendo el sentido que buscaba, por supuesto. El asunto está en averiguar cuáles y de quiénes son. No es difícil pero, para facilitar las cosas, aportaré la traducción al español. ¡A ver qué tal se os da...!
Tomorrow
just another day.
Yesterday
I got so old, I felt like I could die.
I
hurt myself today to see if I still feel. I focus on the pain the only thing
that’s real.
My
hands are tied, my body bruised. She's got me with nothing to win and nothing
left to lose.
Clouds
of mystery pouring confusion on the ground.
All
of her lovers all talk of her notes and the flowers that they never sent.
Letters
I've written, never meaning to send.
Here
you come again playing with my feelings. There you go again playing with my
heart.
How
My Poor Heart Aches With Every Step You Take!
Wish
you were here!
Then
love, love will tear us apart again.
Mañana será
otro día.
Ayer me puse tan viejo, sentí que podría morir.
Me hice daño a mí mismo hoy para averiguar si todavía
sentía algo. Me centré en el dolor, la única cosa que es real.
Mis manos están atadas, mi cuerpo magullado. Ella me
tiene, sin nada que ganar y nada que perder.
Nubes de misterio sembrando confusión sobre la
Tierra.
Todos sus amantes hablan de sus notas y las flores
que nunca enviaron.
Las cartas que he escrito parecen no enviarse nunca.
Aquí llegas de nuevo jugando con mis sentimientos. Ahí
te vas de nuevo jugando con mi corazón.
¡Cómo duele mi pobre corazón con cada paso que das!
¡Cómo desearía que estuvieras aquí!
Entonces, el amor, el amor nos separará de nuevo.
(Más tarde, la solución...)
lunes, 17 de febrero de 2014
Destino.
Un día cualquiera, sin tipo
alguno de pretensión. Nublado. De otoño. Como cualquier otro sábado. Como otro
sábado más. Me levanto, voy al baño y saludo con desgana a ese tipo al otro
lado del espejo al que, las más de las veces, ni reconozco. Desayuno. Repaso
las últimas noticias. Hago cuatro cosas en casa, no más de lo necesario. Afeitado,
lavado de cabello, ducha. Me arreglo. Salgo a la calle. Sin más. La misma
rutina. Como siempre.
Medito mientras paseo, costumbre
peripatética, aristotélicamente mía. Prensa. Las dos de la tarde. Cervezas y
comer algo (otro mal hábito, ¡qué le voy a hacer…!), charla intrascendental ‘medio
mediante’. Un par de copas. Las seis. A casa.
¡Odio los sábados por la noche…!
Mis amigos insisten en eso de que ‘nunca
salgo un sábado; ni a ver el fútbol’ y que ‘cómo hoy no salga a ver el partido, que es temprano, aparecerán por
casa y echarán mi puerta abajo’… Insistencia feroz. Son muy capaces. Prometo
volver y me largo.
Siesta. Tarde para el partido.
Aseo despabilante. Volver a vestirme. Salir pitando. Llegar, saludar, pedir una
cerveza, dejarla sobre una mesita. Disponerme a sentarme y ver al Madrid.
Aparecer ella, pequeña y hermosa, con su
gente. Cruzar nuestras miradas. Sonrisa radiante. Mirada de Sol de Verano al
medio día. Saludar con un sincero ‘¡Hola,
preciosa!’, dos besos de rigor. Preguntarme ‘¿Tú sin pañuelo al cuello?’. No darme tiempo ni a aclarar que he
salido corriendo por ver el maldito partido. Quitarse un pañuelo gris perla de
su cuello suave y anudarlo al mío, ‘para
que cuides tu garganta’. No soltarlo. Tirar del pañuelo hacia abajo. Decirme
al oído ‘¡Hum, que bien hueles! Te
comería enterito ahora mismo. Te haría perrerías. Vamos a tu casa…’. Cogerla
de la mano. Marcharnos. Juntos. Silencio durante el camino.
Sorpresa. Afirmando la inescrutabilidad del destino. Deseada. Desde la vez primera en que la vi. De futuro improbable. Marcando el comienzo de una época. De otra. ¿Con punto y…?
Nada más que contar. Vidas privadas.
Sorpresa. Afirmando la inescrutabilidad del destino. Deseada. Desde la vez primera en que la vi. De futuro improbable. Marcando el comienzo de una época. De otra. ¿Con punto y…?
Nada más que contar. Vidas privadas.
Transcurre el Tiempo. No importa cuánto. Nueva herida en mi corazón. No pasa nada. Nunca el Olvido.
Vuelta a lo mismo.
Un día cualquiera, sin tipo alguno de pretensión. Nublado. De otoño. Como cualquier otro sábado. Como otro sábado más. Me levanto. La echo de menos. Como cualquier día. Como otro día más...
jueves, 13 de febrero de 2014
El Diluvio que viene.
Recordando algo de lo que leí
de niño referente al bíblico San Mateo y viendo cómo andamos de temporales,
guerras, malos gobernantes, mafias... Creo que voy a comenzar a construirme un
Arca. ¡YA! El Diluvio se acerca.
La Música como...
La Música como medio de una necesidad de expresión.
La Música como vía de escape de una realidad demasiado
cruel.
La Música como refugio último, íntimo, personal.
La Música como expresión de talento.
La Música como muro infranqueable a todo lo innecesario
en mi vida.
La Música como liberación de mis sentimientos más
ocultos.
La Música como amiga mía desde siempre.
La Música como consuelo de mis desagravios.
La Música como mi compañera en todo momento.
La Música como mi pañuelo de lágrimas en días difíciles.
La Música como sinónimo de Fidelidad.
La Música como Amor más allá de la Muerte.
La Música como Diversión.
La Música como Placer intrínseco.
La Música como sustento de mi Cuerpo y de mi Alma.
La Música como presencia ante tu ausencia.
La Música como posibilidad de Ser ante tu imposibilidad
de Estar.
La Música como destino primigenio y fin último.
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