martes, 18 de enero de 2011

Epitafio.

En la soledad de la noche, los ‘tic’ del reloj de la biblioteca son cada vez más ‘tac’. Su martilleo, incesante, se propaga en la oscuridad, rebotando una y otra vez contra las sombrías paredes, imposible de ser ahogado por los vetustos volúmenes y las recias maderas que los sostienen, reverberando en el silencio, haciéndome sentir como si acabara de despertarme, solo, en una inmensa catedral, dejando una huella profunda y umbrosa en mi cuerpo y aún más en mi alma.

Los más de los días, no sin esfuerzo, salgo huraño de mi lecho y me arrastro hasta el baño donde, desganado y sin esperanza, alzo la cabeza del suelo para, desde las telarañas que nublan mi visión encontrarme, resignado, cara a cara, en un vetusto armazón de madera y nitrato de plata, un pálido reflejo en el que tan sólo distingo vagamente el rostro de un tipo al que ya no acierto a reconocer ni tan siquiera como un triste recuerdo de lo que alguna vez llegó a ser.

A veces deseo mutar, renovar por completo mi cuerpo, irreconocible por los demás, manteniendo mi mente intacta y sabia, recomenzando una y otra vez amparado en una madurez física plena hasta el fin de los tiempos… ¡Sueños!

Cada año, ¿el final? está más cerca. Y no, no temo a la muerte, ni al dolor. Tan sólo, quizá, a lo desconocido, a qué vendrá después. ¿Sentiré de nuevo el calor de unos senos firmes en mis manos, la humedad en mi boca de una lengua ajena a la mía? ¿Seré capaz de amar, de nuevo, alguna vez? ¿Volveré a sentirme amado?

Tan sólo me queda la esperanza de convertirme en energía pura, en puro cosmos y vagar por la negrura del infinito eterno alimentándolo, contemplando galaxias cada vez más remotas, cada vez más hermosas, que me darán su brillo a cambio de lo que alguna vez me mantuvo vivo, en pié, sobre este planeta privilegiado habitado por generaciones de seres humanos miserablemente estúpidos e ignorantes, incapaces de ver más allá de su propio ego, tan vacío como ellos mismos y que algunos llaman Tierra.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Debbie Harry.

Aunque normalmente no lo hago, buscando entre docenas de fotos, he encontrado esta de Debbie Harry. Aparte de que me gustara - y me sigue gustando - el trabajo de 'Blondie', así como su último gran, digamos, éxito, 'María', esta imagen pone de manifiesto no sólo el enorme sex appeal de Debbie, sino el que todo está ya inventado. Para comérsela...

martes, 9 de noviembre de 2010

Ojos.

¡El túnel! Y al final la luz. ¡Por fin…! ¿Por fin? Pero…, ¿qué diablos hago yo aquí…?


Miro mis manos. Brillan. Parecen traslúcidas. Veo mis pies descalzos y lo que parece el final de una túnica blanca. Y ese resplandor.., no sé, me recuerda aquello de ‘¡Caroline, ve hacia la luz!’… ¡Un momento…! Ya caigo…, debo estar soñando porque, de cadáver, ¡nada! Aún no ha llegado mi hora, lo sé. O sea, que si soy consciente de que sueño, igual puedo controlarlo, como ya me ocurriera otras veces aunque, la verdad, no es un tema que me apetezca, así que voy a intentar cambiarle el aire a esto y si no, ¡que remedio!, despertarme.

¡Hum! Bonitos ojos. No es precisamente lo que había pedido, pero sí que son bonitos. Inmensos y hermosos. Siempre me fascinaron los ojos. Nunca he despreciado una boca jugosa y fresca, un pelo capaz de reflejar mil soles, un cuerpo de fábula…, pero unos ojos... Dicen mucho de uno. Y de todas, por supuesto, que es lo que interesa. Descifrar lo que una mujer piensa a través de su mirada, uno de los grandes misterios de la Humanidad. El ‘A Penny for Your Thoughts’ de Casablanca pero sin pagar por ello. Ni el mísero penique. ¿El color? Bueno, qué más da. Me encanta que me regalen unos ojos verdes, aunque ça depend, mon ami… Sobre todo del envoltorio… ¡En fin! Que no sé que hacen aquí, pero me gusta mirarlos. Y sentirme observado por ellos.


Ya puestos, y ya que estoy aquí, creo que voy a continuar, a ver si consigo ver qué hay al otro lado… Bueno, un nuevo par de ojos han vuelto a cruzarse en mi camino. Y esta vez, azules. También me apasionan. Envueltos en una melena rubia o faros celestiales de un rostro marmóreo enmarcado en negros cabellos.


…Y van tres. Son multitud, dicen por ahí. Ahora tocan negros. Bueno, lo dicho, aunque me parece que esto se me está yendo de las manos…, o del inconsciente, más bien. ¿Qué ocurre aquí? Voy a intentar redirigir mi sueño hacia otra parte… Al menos, darme la vuelta y ‘ver qué veo’… Pues está el asunto denso… Más ojos. Y la verdad es que no he cenado nada que me pueda hacer 'disfrutar' de una pesadilla debida a una indigestión. Pero ahí están, sin pestañear, mirándome impasibles. Me resultan familiares, no sé...


No consigo concentrarme. Y lo cierto es que lo intento, pero nada. Sin embargo, no me siento incómodo. Por el contrario, hay algo de bueno en todo ello. Me hacen apreciar que, a pesar de no haber nadie más aquí, no me siento solo. Y me miran a mí. Pero no, no me inquietan. No me interrogan como una esposa celosa, como una hija añorante de su regalo, como una madre desconfiada. Desprenden calor, ternura... Incluso llegan a excitarme. Lo único que faltaba es que, lo que parecía la típica historia que 'todos los que regresan de la muerte' cuentan, a saber, el túnel, la luz..., se convierta en un sueño erótico. Bueno, al menos esto sí que se asemejaría más a mi  forma de sentir las cosas. Y estos, entre verdes y color miel, tan cercanos, tan hermosos, tan sensuales...
Estos sí que me parecen irreales, más no por ello menos sublimes... Estoy decidido, tengo que despertarme. Esto escapa a mi control. Siempre que pretendo despertar de un sueño controlado me cuesta mucho trabajo hacerlo. Parece que tenga los párpados cosidos... ¡Un momento! ¿Qué es eso? Estaba tan absorto en todos estos ojos tan divinos, en sus miradas, en mis miradas, que no me había percatado de que me había dado la vuelta y unos ojos, esta vez los míos, apuntaban hacia el otro lado. ¡Menos mal! No, no veo una mesa de quirófano, enfermeras recogiendo material clínico, un cirujano certificando la hora de mi muerte... No. Tan sólo una cama la mía y, aunque quieto como un muerto, sé que no lo estoy, jamás me muevo mientras duermo. Sé que estoy vivo, veo cómo mi pecho se hunde, cómo las aletas de mi nariz se agitan excitadas, perlas de sudor sobre mi frente.
 
¡Wow! Me desperté, no sé si decir ¡por fin¡, pero lo hice. Como siempre... Creo que me he pasado con el vino durante la cena. Y con el sexo a los postres... Como siempre... Y veo que Patricia se ha marchado. Mujer de sueño ligero y piernas interminables... Espero que no se haya tomado en serio mi comentario acerca de que, aún, no estoy preparado para que vivamos juntos... Tengo sed. Durante un instante pensé que, efectivamente, esto se había convertido en un sueño erótico. Y me gustaba la idea. Lo que no me gustaba tanto era despertarme y tener que acudir a toda velocidad al baño para asearme... Tengo sed... Bueno, vamos allá...
 
No sé si me sorprendió menos el escueto Adiós impreso con su carísimo lápiz de labios sobre el espejo o comprobar cuando volvía a la cama que la rosa, roja como sus labios, que antes de dormirnos habíamos dejado sobre el velador, había cambiado de color.
 

martes, 28 de septiembre de 2010

Gentuza, La Serie.


Bueno, aquí os dejo el trailer de Gentuza, La Serie, proyecto (y producto) de las mentes ‘enfermizas’ de Eloi Yebra, actor, cómico, reggaetista, doblador y monologuista y Críspulo ‘el Garou’ Cabezas, hip-hopero y actor (Barrio, 1998), bajo el auspicio de PoP Producciones. Aunque ya lleva algún tiempo dando vueltas por la red (en YouTube desde el 25 de mayo de 2010), no está de más recordar que ya queda, según ellos, menos para que podamos disfrutarla en la red.


¿La temática? Bueno, un punky descerebrado, un rasta amnésico y un rapero afeminado conviven juntos en una casa desastrosa, donde pasaran mil cosas con Mani, la novia del rasta, con los vecinos, la casera, una cucaracha comentarista y algunos objetos que también dan su opinión... Todo esto mezclado con la tele basura que ven en su televisor. Gentuza es una comedia absurda y loca, que pretende hacernos reír con las estupideces de tres tipos que buscan su sitio en la tierra, pero que andan totalmente desorientados.


¡Ah!, se me olvidaba… También tenemos el handicap a nuestro favor de disfrutar de la presencia de Aroa Gimeno… Sin comentarios...





martes, 21 de septiembre de 2010

Dorian a través del Espejo.

No recordaba desde cuando había deseado estar en el lugar en el que se encontraba ahora. Quizá desde siempre. Su sueño se cumplió en el momento en el que alguien sugirió:

- 'Y..., ¿por qué no él? Estoy seguro de que cumplirá todas nuestras expectativas’.

A todos los delegados les pareció lo más correcto y, luego de algunas deliberaciones, ¡por fin!, tenían en sus labios el nombre a pronunciar ante los buitres de la prensa. El Presidente del Partido se dirigió al lavabo y, una vez recompuesto el traje, lavado su cara y cepillado sus dientes, se atusó el pelo y se dispuso a abrir la puerta que le conduciría, tras un breve paseo por un pasillo otrora interminable, al salón de actos del Hotel en el que anunciarían a todo el País, a través de los medios de comunicación, el nombre del nuevo Candidato a la Presidencia…


No las tuvo todas consigo. Luchó desde el más absoluto ostracismo para llegar a ninguna parte y, sin embargo, alguien se había acordado de su persona. No tuvo el más mínimo destello que pudiera hacer pensar que no quería aspirar al puesto para el que se le elegía. Aunque eso quedaba aún lejos, una parte de su sueño se había cumplido, un sueño al que no estaba dispuesto a renunciar así como así. Se disfrazó con piel de cordero, si bien tampoco le era necesario, dado su carácter timorato, por no mencionar su imagen. Mintió siguiendo las directrices de todo Comité Electoral y las suyas propias. ‘Debo ser elegido Presidente, es mi destino’, se decía cada vez que, en casa, se miraba al espejo de su cuarto de baño. ‘Siempre he soñado con ser el máximo mandatario del País’, se repetía una y otra vez.


…Y, efectivamente, acabada la noche de los cuchillos largos y, desde el balcón de la Sede, no daba crédito a lo que veían sus ojos, a lo que oía: miles de ciudadanos agitaban banderas a la par que coreaban su nombre. ¡Presidente! ¡Presidente!, retumbaba en su cerebro una y otra vez.

Tan seguro de sí mismo se sintió en ese momento que pensó que estaba en lo más alto; por un momento recordó una vieja película de un tal Cagney que acababa con la frase ‘¡Estoy en la cima del Mundo mamá…!’ Sí, como 'Cody' Jarrett en White Heat, estaba en la cima del Mundo, de Su Mundo…


Día tras día, en cuanto se levantaba, se miraba en el espejo y se decía cuán importante era ahora. Noche tras noche, antes de acostarse, pasaba una vez más por su baño y, al verse reflejado en su espejo se jactaba, incluso, de todo lo que había logrado, de todos sus éxitos.


Una de esas noches, acabado de regresar de una importante conferencia en un país vecino, volvió a mirarse a su espejo y le pareció ver que algo raro había en su rostro, algo distinto. ‘Tengo mal aspecto, se dijo. Debo estar cansado. En cuanto duerma lo suficiente, me levantaré con mejor cara’. Pero no era cansancio. Ya era tarde. Tarde para todo. Tarde para él.


En menos de un año, había ordenado cubrir todos los espejos del Palacio Presidencial, de la Sede, de su Residencia…, salvo el de su baño privado. ‘Me hago mayor y el poder agota. Y no quiero verme así’, solía decir a los que le rodeaban, incluidos los suyos, aunque nadie parecía apercibirse de ello. Todo lo contrario, cada vez tenía mejor aspecto. Los carroñeros del Cuarto Poder solían escribir que, cuánto peor lo hacía, mejor aspecto tenía, aunque él sabía que eso no era cierto.


Una mañana, su esposa, alarmada por la falta de respuesta de su marido, del Presidente, el cuál llevaba demasiado tiempo encerrado en su baño privado y, ante la imposibilidad de derribar la puerta, llamó al servicio de seguridad, temiéndose lo peor. El jefe, un hombre muy corpulento, golpeó la puerta repetidas veces… Los golpes no obtuvieron contestación. Y todo siguió en silencio cuando llamaron a su protegido de viva voz. Finalmente, después de tratar en vano de forzar la puerta, salieron al tejado y descendieron hasta el ventanal. Una vez allí entraron sin dificultad: los pestillos eran muy antiguos.


En el interior encontraron, colgado de la pared y donde una vez hubo un espejo, un espléndido retrato del Presidente tal como lo habían visto por última vez, en todo el esplendor de su madurez. En el suelo, semidesnudo, hallaron el cadáver de un hombre mayor, muy consumido, lleno de arrugas y con un rostro repugnante. Sólo lo reconocieron cuando examinaron las sortijas que llevaba en los dedos.